España debe pedir perdón a Honduras
Redacción / El Libertador

     
   Durante tres siglos España fue potencia gracias a las maderas, metales y demás recursos que hurtó de América.  
Tegucigalpa. Con el “descubrimiento” de América, España condenó a Honduras a tres siglos de asesinatos, violaciones, despojo, torturas, persecución y horror, y hasta la fecha no han mostrado ni un asomo de vergüenza. De hecho, algunos españoles aparentan adolecer de memoria histórica, ya que aseguran que la conquista trajo “excelentes beneficios a Honduras”.
Para los ibéricos, el idioma y la religión forman parte de esos beneficios, probablemente desconocen que para cumplir con ese objetivo los conquistadores y la iglesia Católica utilizaron como único método el genocidio. Las cifras son abrumadoras: antes de la llegada de los españoles, en 1502, se estima que en el país vivía medio millón de indígenas; tres siglos después, la población apenas superaba los 90,000 habitantes. Parece poco un perdón, porque la conquista mató el 82 por ciento de la población hondureña.
Por otro lado, la colonización abolió el devenir histórico de grandes civilizaciones e importantes culturas de toda América. Modificadas las jerarquías sociales, alterada la estructura económica y amenazadas sus lenguas y creencias religiosas y, en general, ante el imperio del terror, a los indígenas sólo les quedó adaptarse a las nuevas circunstancias impuestas por los conquistadores. Los pueblos que no lo hicieron, desaparecieron para siempre.
No falta quien afirme que la conquista sólo es un capítulo más de la historia, esa aseveración es casi tan insultante como negar que la herencia tanto religiosa como educativa sigue presente. No, el saqueo español no es parte del pasado y no lo será mientras sigan presentes sus consecuencias.

INVASIÓN A HONDURAS
Antes del “descubrimiento” de América, que no fue sino una invasión, Honduras fue habitada por numerosos grupos indígenas, que mantenían comercio o trueque con otras regiones, como Panamá y México.
Con la llegada de los españoles inició la depredación de nuestra naturaleza, aunque los historiadores y escritores domésticos se han encargado de lanzar incienso a los conquistadores, al presentarlos como verdaderos héroes que vinieron a “civilizar” a los “bárbaros” aborígenes. Una prueba de esa alabanza es el himno nacional de Honduras.
En textos de historia e incluso en el himno nacional se califica a Cristóbal Colón como “audaz navegante“, por su arribo a Honduras en 1502. Quizá algunos historiadores nacionales y extranjeros, al igual que Augusto C. Coello, ignoran que la palabra “oro” aparece 83 veces en el diario de Colón, una clara muestra de cuáles eran sus verdaderos objetivos en tierras americanas. O quizá en un olvido Coello uso la palabra audaz en lugar de voraz.
Asimismo, parecen olvidar que Colón murió sin darse cuenta que había llegado a otro continente. El único legado directo de Colón fue reconocer Guanaja, en Islas de la Bahía, Cabo Gracias a Dios, extremo este del país, y darle el nombre de Honduras a la región.
Pese a eso, se omite el hecho de que realizó el viaje motivado por la promesa de la Reina Isabel de darle el título de Almirante en todas las tierras que “descubriese o ganase“, y el diez por ciento del producto neto de “la mercadería“ que tomara en nombre de la Corona.
No fue sino hasta 1523 que Gil González Dávila llegó al Golfo Fonseca, en la costa del Pacífico. Al año siguiente, cuatro expediciones de españoles invadieron Honduras reclamando como suyo el territorio.
Las disputas de poder atrajeron a Hernán Cortés, quien se trasladó desde México para establecer la autoridad de la Corona desde su cuartel general en Trujillo.
En octubre de 1526 arribó el primer gobernador de la corona, Diego López de Salcedo, quien desató un conflicto fronterizo con Nicaragua. El hallazgo de oro y plata atrajo a nuevos colonizadores e incrementó el maltrato a los nativos.
En 1537 surgió una esperanza. El cacique Lempira lideró la rebelión de 30,000 hombres dispuestos a ofrendar su vida antes de ceder al yugo español. Durante un año, la montaña de Cerquín resistió a los cañones invasores.
La derrota de la rebelión, tras el asesinato de Lempira, y el establecimiento de un obispado en Comayagua, entre otros, contribuyeron a la expansión colonial para 1540. Con esto, se incrementó la minería de oro y plata, lo que provocó mayor deterioro de la población indígena, hasta casi el total exterminio.

PEDIR PERDÓN
Hace algunos meses, el ex presidente español José María Aznar demandó en Washington que los árabes deben disculparse por haber conquistado España durante ocho siglos. Españoles y árabes lucharon en igualdad de condiciones.
Aznar olvidó mencionar que cuando los españoles reconquistaron su territorio protagonizaron uno de los capítulos más negros en la historia de la humanidad. En 1478 los reyes Fernando I e Isabel introdujeron la Inquisición a España. Persiguieron a los árabes, judíos y conversos a quienes calificaban de herejes, por no profesar la fe católica. Se menciona con frecuencia el Auto de Fe de 1481 cuando fueron quemadas 2,000 personas. La Inquisición también introdujo la noción de “pureza de sangre”, dirigida a los que tenían sangre judía o árabe.
Antes de dar su discurso, el ex presidente Aznar tuvo que reflexionar acerca de pedir perdón. Enlistar todo lo que España arrebató a Honduras, sería objeto de una colección de inmensos libros y exigir que devuelvan lo robado es sólo lo más justo, puesto que el impacto de la conquista va más allá de la sustracción y exportación de materiales y recursos, sobretodo está la explotación, genocidio y esclavitud del que fueron víctimas las poblaciones que habitaban el territorio.
España fue potencia gracias a nuestros recursos, es más, todos los metales y maderas que sustrajo de América Latina sentaron las bases de la opulencia económica y social que ahora disfruta Europa. Esos recursos se exhiben en grandes museos o son propiedad de importantes familias españolas. Esto sólo confirma la deuda histórica. También se constata en el contraste de los fastuosos palacetes de Madrid y en los obscuros socavones a lo largo de América Latina.
En fecha reciente, el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero anunció la creación de la Secretaría de Estado para Iberoamérica, que tendrá como misión “reforzar la acción política exterior de España en Iberoamérica“.
La mejor manera de que el gobierno español comience a reforzar su política exterior, es que Rodríguez Zapatero pida perdón a los hondureños por tres siglos de robo y genocidio.

Ver nota completa en la página 11 de EL LIBERTADOR, edición de diciembre de 2006

 
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